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Blog: ¿Dedos que hablan?

Hoy tuve una experiencia alucinante. Estaba desayunando tranquilamente cuando de repente oí voces. Miré a mi alrededor y no había nadie. Y no eran voces en mi cabeza; menos mal, porque si no tendría que ir al siquiatra. Dirigí mi vista hacia la mano que no estaba sujetando la taza de café y que simplemente reposaba sobre la mesa. ¡Las voces venían de dos de los dedos de mi mano izquierda! 

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Era una enfadada discusión que estaban teniendo mis dedos índice y cordial. El dedo índice le decía al dedo cordial, "Estoy harto. Estás a mi lado y no haces más que fastidiar mi existencia. Como eres más alto me eclipsas. Eres un arrogante que lo único que haces es menospreciarme. Además, como eres más grande, usas más sangre que yo. A veces tengo una sensación de hormigueo y es tu culpa; como toda la sangre se usa para alimentarte, yo me quedo con menos de ella para mí." El dedo medio se sintió muy molesto y le respondió, "¿Y tú? Lo único que haces es señalar: que si te robo la sangre, que si soy más alto, que si estoy en medio..."


Los dos sabían que descansaban sobre una base, mi mano. Pero desde su perspectiva no veían que aunque estaban en distintas partes de ella, la base era la misma. De hecho cada uno tenía diferentes nombres para mi mano. Uno la llamaba el Estadio. El otro la llamaba el Cantón.

Y los dos encontraban evidencias para sostenener y alimentar su forma de ver las cosas porque así funciona la percepción: vemos lo que nuestro ego (ese sistema de pensamiento cuya función es proteger una serie de imágenes, recuerdos y creeencias con las que nos identificamos y llamamos "yo" y cuya finalidad es mantenernos alejados de quien realmente somos: ese ser inclusivo que incluye al otro y los otros como parte de mí y nos sabe como partes de un mismo proceso de expresión vital), vemos lo que nuestro ego quiere que veamos y borramos de nuestra consciencia todo aquello que no contribuye a la construcción de lo que para nosotros es la realidad.

Así que mis dedos no veían que de hecho estaban encarnados en mi mano y que estaban hechos del mismo material esencial. Y por supuesto tampoco veían que mi mano, su base, era parte de algo más grande, el brazo, que, a su vez, pertenecía a otro organismo más grande todavía que era parte de una comunidad que, a su vez, formaba parte de otra y así hasta el infinito. Y que todo estaba hecho de la misma esencia. Y los dos, en secreto, pensaban que la vida sería más fácil si el otro no existiera. "Si el otro no estuviera, mi vida iría de puta madre. Ojalá se gangrene y lo tengan que amputar", pensaba uno. "Ojalá se meta en algún sitio de donde no pueda salir. Así dejará de fastidiarme", eran los pensamientos del otro.

Y yo, alucinando. No porque tuviera dedos que hablan, que no es tan grave como oír voces en la cabeza, sino por el contenido de sus palabras, sus creencias y pensamientos, y por su dificultad en asumir responsabilidad por sus sentimientos y percepciones (tarea ardua, por cierto), culpando al otro por su dolor convirtiéndolo en su enemigo, en vez de ver que son expresiones de un mismo proceso, de algo que busca emerger entre ellos para el bien común. Para ver esto se requiere presencia, consciencia, aceptación, paciencia, compasión, saber mirar, comprensión y empatía. Espero que mis dedos se den cuenta de que hay mucho desarrollo en su consciencia que hacer para evitar amputaciones.

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